Capítulo 1: Lo
que podría ser el comienzo, es el final para muchos
El pasaba por la acera de enfrente a una casa vieja y un
poco descuidada, le llamó la atención una luz en la ventana del piso de arriba,
cruzó velozmente hacia el frente de la casa y trepó la primer reja alta, al
final tenía unas afiladas puntas pero no se le hizo difícil pasar al otro lado
sin un solo rasguño. Siguió caminando hacia el frente por el sendero de piedras
que tenía la casa. Al rato de haberse aproximado bastante, nota que una de las
ventanas estaba ligeramente abierta, fue hasta allí y empezó a subirla, sacó un
largo cuchillo de su campera blanca y colocó ambas manos en la parte inferior
de la ventana para poder entrar.
Cuando entró se dio cuenta que estaba en la cocina, miró a
su alrededor y siguió cauteloso pero a un paso veloz, notó la voz de una chica
que provenía del piso de arriba y abajo sintió unos ronquidos cercanos y la
televisión, siguió pasando por un pasillo y se encontró con el living, la
televisión era la única fuente de luz allí, al frente tenía un sillón y una
persona mayor tapada con unas sábanas roncaba profundamente, sin darse cuenta
de aquel el de ambulante asesino que pasaba todas las noches por su barrio se
encontraba justo al lado de ella. El chico la quedó observando pero la dejó
dormir, decidió ir por su única víctima consciente en el lugar, nuevamente sus
ojos recorrieron todo el lugar, halló las escaleras a unos cuantos pasos frente
a él. Se dirigió hacía allí y respiró hondo y pausado, subió las escaleras haciendo
un poco de barullo pero al parecer a su víctima no le importó escuchar pasos
aproximándose a su habitación, claro, si es que los escuchó. Apretó su cuchillo
con fuerza provocando que sus nudillos se tiñeran de blanco. Miró hacia el
frente, la puerta de donde provenía la voz y la luz estaba entreabierta,
pasaron unos segundos mientras él se acercaba lentamente extasiado por lo que
le haría a su víctima. Pateó la puerta sin pensar y vio a su víctima de pie
enfrente de él, era una muchacha vestida con un pijama de colores, como un
canino él olfateó su miedo y se aproximó lentamente hacia ella, con cada paso de
él, ella daba dos para atrás. Su
atacante se hartó de ese pequeño y macabro juego y decidió actuar lanzándose
encima de ella.
Ambos cayeron al suelo y él estaba dominando la situación hasta
que la muchacha pudo zafarse y darle un puñetazo en el área del pómulo, su
atacante respondió con una gran furia y empezó a tírale golpes a la cara a la
muchacha, sin embargo pudo esquivar algunos pero recibió otros que la dejaron
llorando. Pudo apoderarse de la situación dándole una patada en la entrepierna
y tirándolo hacia un costado, se levantó rápido y le empezó a lanzar patadas en
el estómago y piernas y una alcanzó su cabeza. Ella desesperada buscó a su
abuelita que estaba durmiendo en el living con la esperanza de que no estuviera
lastimada o aún peor, muerta. Al salir de la habitación se tropezó con algo
pesado que sin duda la dejó tendida en el suelo, se levantó y la vio, era ella,
pensando en lo peor salió corriendo de allí, bajó las escaleras y sacó su copia de llaves de la mesa del living,
pero cuando se encontraba enfrente de la puerta sintió algo parecido a un
cristal romperse, no pudo evitarlo y dio un grito de horror. Salió dejando las
llaves en la puerta y siguió corriendo por la mitad de la calle con la
esperanza de encontrar algún lugar con luz, había dejado su celular arriba
cuando estaba hablando con una amiga, junto con su linterna que se cayó cuando
el atacante la sorprendió de la nada.
Se estaba cansando y no sabía a dónde ir, sabía que si tocaba
una puerta a las 4 de la mañana era más que seguro que no le abrirían y en el
caso contrario no encontraría forma de conectarse con la policía, pero eso ya
no le importó al escuchar pasos detrás de ella, no uno, sino más de 2. Su sudor
ya no era producto de esos movimientos bruscos sino era más de la desesperación
y el nerviosismo de aquella noche.
Decidió entrar al bosque prohibido y esconderse, todo el que
entrara y no tuviera experiencia en aquel lugar moriría seguro, pero ella
conoce la entrada secreta, solo era cuestión de entrar ahí y sobrevivir. Por
unos momentos dejó de sentir pasos pero ya cuando le dio la vuelta a la cuadra
pudo notar otra vez los pasos rápidos detrás de ella. Miro el bosque, todo con
aquel tejido alumbrado y descuidado, miro el único y pequeño arbusto
sobresaliente de allí, su entrada y salida de la muerte. Al llegar se agachó y
raspándose las rodillas por debajo de la ropa pasó gateando hacia el otro lado,
sintiendo que tenía más ventaja miró hacia atrás y no vio a nadie, ni un mínimo
rastro de alguna persona, o por lo menos que ella pudo notar, la luna estaba
siendo tapada por las nubes y ya no era tan visible la calle. Sin embargo no se
dejaría engañar y siguió corriendo hacia adelante.
Luego de pasar varios minutos corriendo hacia el frente se
detuvo cansada y debilitada, no podía correr más, se sentó en el pasto y reposo
su cuerpo contra un tronco hueco. Más tranquila, el ruido de su propia
agitación no le había permitido escuchar que alguien poco a poco se iba
acercando a ella, cada paso resonaba en aquel lugar, las ramas pequeñas crujían
más fuertes al acercarse su atacante. Lo notó y de un brinco quedó parada, miró
a su alrededor y pudo notar una silueta
oscura a lo lejos, ésta al notar que lo vio empezó a correr en su dirección y
ella viendo la situación decidió correr hacia un gran árbol frondoso y grande
que sin duda le serviría para ocultarse en la copa, pero cuando pudo estar a
mitad de camino, la corteza a la que se había agarrado se desprendió dejándola
caer al piso secamente. Sin duda su cabeza impactó muy fuerte por lo que perdió
la conciencia
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